Tendemos a prestarle atención a lo que decimos y a como lo decimos, hoy quiero que prestemos especial atención a la fuente de nuestras palabras, la intención, la mirada, el punto de vista subjetivo y personal que le inyectamos a la interacción diaria con otras personas. Hablemos de honestidad y responsabilidad.

“Aceptamos toda la responsabilidad por nuestras propias intenciones y acciones, pero no por los sentimientos de los demás. En esta etapa, somos conscientes de que nunca vamos a satisfacer nuestras necesidades a expensas de otros. La liberación emocional implica estar claros de lo que necesitamos, de una manera tal, en la que comuniquemos que nosotros estamos igualmente preocupados de que se satisfagan las necesidades del otro.”

Marshall B. Rosemberg.

Tendemos a decir que deseamos relaciones honestas y verdaderas. En ocasiones, exigimos al otro ¡honestidad! y nos sentimos heridos cuando descubrimos desde nuestro punto de vista que “el otro” nos está engañando.

Hoy te invito a que reflexionemos juntos sobre “la traición”, esa emoción de decepción que sentimos en nuestras relaciones cercanas. Ese mensaje que descubriste en tu pareja y que no te comentó, esa salida importante de tu mejor amiga a la que no fuiste invitada o ese comentario de un tercero acerca de ti que pronuncio tu padre o madre.

Nos comunicamos todo el tiempo, aun cuando hacemos silencio estamos enviando un mensaje poderoso a aquella persona que esta esperando una respuesta de nosotros. http://(https://tioconejo.alwaysdata.net/neptunetime/esp/2020/05/29/comunicacion-desde-el-corazon/) en el cual explicamos con más detalles como podemos detectar el lenguaje de poder que esta interiorizado en nosotros, de manera de practicar una nueva forma de comunicación más honesta y empática.

¿La decepción que sentiste alguna vez te pertenecía a ti, o al elefante enorme con el que vives en casa llamado “expectativa”?

Cuando pienso en lo que el otro debería hacer por mí, automáticamente dejo de pensar en lo que yo necesito y debo satisfacer en mi vida para sentirme tranquila, sostenida y amada.

Al exigir “al otro”, cedo el control de mi satisfacción personal, cedo mi poder y me convierto en Victima, esperando el momento en el que el dueño de mi felicidad me rescate, mientras yo quedo invalida y desprovista de acción.

Ser víctima o verdugo es lo que hemos aprendido, una dualidad interna en la que intentamos controlar nuestras emociones con el objetivo de conseguir poder externo. No somos uno o el otro puramente, somos los dos en distintas áreas de nuestra vida.

¿Víctima o verdugo?

Como seres humanos tenemos la necesidad principal de sentirnos seguros, es en esta búsqueda que intentamos controlar, crear rutinas, ahorrar; queremos sentir que podemos adelantarnos un paso en el tiempo para tener estabilidad.

Esta es la razón por la cual el lenguaje basado en el poder caló tanto en nuestro inconsciente colectivo, y es que, la manera más fácil de sentir seguridad es a través del control. Sin embargo, controlarlo todo y todo el tiempo es sumamente extenuante, y es aquí donde puedo entender mejor el precepto del del yin yang acerca de los opuestos complementarios, las caras de una misma moneda, la sombra y la luz.

Para ser víctima necesito al verdugo y viceversa. Puedo ceder mi poder en relaciones, usando mi energía femenina receptiva, y por otro lado, puedo estar ejerciendo mi poder sobre otros en mi área laboral, usando mi energía masculina que acciona, que da. Es decir que, vivo en un constante ir y venir sin límites y sin equilibrio.

En este sentido, cuando uso mi traje de víctima señalo y exijo a otros, adjudicándoles a ellos toda la responsabilidad y la posibilidad de tomar acción, al igual que cuando me visto de verdugo lo que busco es imponerme sobre otros, busco controlar, apropiarme del otro sugiriendo que haga lo que yo deseo.

Intenciones honesta

Tengo la impresión personal de que le hemos agarrado el gusto a vivir en estos extremos, porque de alguna manera nos generan diversidad y contraste.

¿Cuándo exijo honestidad, soy honesta conmigo? Cuando uso el término honestidad, me refiero a ser un cristal por el cual yo pueda ver con claridad que realmente quiero comunicar desde mi interior, desde mi alma y no desde lo que me han enseñado que “debería ser lo correcto o apropiado”.

Tomemos los ejemplos iniciales para visualizar mejor la idea que quiero transmitirles:

Si tengo el pensamiento de lo que el “otro debería hacer por mí”, puedo elegir hacer una pausa y preguntarme; ¿Qué le estoy exigiendo? ¿Que necesito honestamente? ¿Qué estoy ignorando y debo prestarle atención? ¿Cómo me responsabilizo por mi bienestar? ¿Qué puedo hacer hoy para sentir que “me salvo a mí misma”?

Si el pensamiento está dirigido a mi dialogo interno, como por ejemplo “yo debería estar haciendo o sintiendo”, pudiera preguntarme ¿Qué siento realmente? ¿Qué quiero hacer? ¿Qué es lo peor que puede pasar si lo hago? ¿Qué es lo mejor que puede pasar si lo hago? y si no lo hago: ¿De que me estoy protegiendo?

Por último, el pensamiento de “debería controlar para sentirme segura” lo puedo elegir rebatir con las siguientes preguntas: ¿Qué me da miedo? ¿Qué sucedió en mi pasado similar a esta situación que quiero controlar con ansiedad? ¿Cómo puedo transitar la incertidumbre confiando en mí? ¿Hoy que puedo hacer para sentirme seguro?

Un abrazo Neptuniano

Katherin Löwenthal

Nep-tune in