La vida me pasaba

sin yo pasar por ella.

Me sentía a la merced

del destino,

a veces implacable

y otras compasivo.

Llena de ira diaria,

un océano ardiente

de emociones desatendidas.

Mi vida era un temblor de miedo,

¿y quién no temería?

sí al despertar tus sueños,

tu gran amor, tu vida entera,

dependen de un “alguien” o de un “algo”.

¿y quién no temería?

Sin pertenencias, sin pertenecer,

naufrago, al rumbo de la marea.

¡Dime! ¿Cómo puedes estar en paz?

¿cómo puedes sentir seguridad?

si no hay una sola pieza de tu vida

que te pertenezca.

Del viento pude oír el susurro,

de una voz pausada, compasiva, dulce.

Puedo jurar que Urano me dijo;

“Se llama responsabilidad”

“y con ella vivirás sintiendo que te perteneces”.

Cerré los ojos, sentí la brisa,

y sin más preguntas o pensamientos,

me deje abrazar por la sabiduría

del Dios de los cielos.

K. Löwenthal

Limassol, 03.06.2020